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  Libertad. Individualidad. Progreso. El Individuo y el Estado. Política Social. Economía Liberal. Pobreza y exclusión social. Soluciones liberales. Neoliberalismo y Neopopulismo. El liberalismo en Latinoamérica.

Lic. José Benegas.
 
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Libertad, individualidad y progreso
 

Individuación como fortaleza

Ludwig Von Mises argumenta a favor de la utilización del individualismo metodológico en su obra “La Acción Humana” como vía para el estudio de la praxeología y para el más reducido campo de la cataláctica.

Dice Mises:
“Ante todo, conviene advertir que la acción es obra siempre de seres individuales. Los entes colectivos operan, ineludiblemente, por mediación de uno o varios individuos, cuyas actuaciones atribúyense a la colectividad de modo mediato… Es el verdugo, no el estado, quién materialmente ejecuta al criminal. Solo el significado atribuido al acto transforma la acción del verdugo en acción estatal… Por lo tanto, el único camino que conduce al conocimiento de los entes colectivos, parte del análisis de la actuación del individuo"

Más adelante agrega:


“Sólo gracias a las acciones de ciertos individuos resulta posible apreciar la existencia de naciones, estados, iglesias y aún de la cooperación social bajo el signo de la división del trabajo”…

…Toda persona necesita una filosofía de base y un código de conducta como sostenía Ayn Rand. Sin embargo no necesita (y aquí está el despegue de una ética liberal y el puritanismo) que los otros sigan el mismo código sino solo que se le respete en sus derechos.

Ayn Rand entiende que esa ética se descubre por medio de la razón. Pero también se alimenta del intercambio y del ensayo de prueba y error (cuyas enseñanzas en definitiva se adquieren con la razón). Sigue las reglas de toda producción en el mercado, en el que el resultado no es el designio particular de nadie. La libertad de los otros es tan necesaria y útil como la propia. Los errores y aciertos ajenos son tan útiles como los propios.

Las instituciones políticas inspiradas por la filosofía de la libertad parten del reconocimiento de la naturaleza humana, que no cambia aunque se trate de gobernantes o gobernados. El hombre, gobernado o gobernante se mueve por sus intereses, busca mejorar su situación y a la vez tiene capacidad de colaboración. No es un ser desprendido dispuesto a darlo todo por los demás. Está lejos de ser un “prócer” o un ciudadano ejemplar. Su comportamiento es útil a los demás en un contexto de colaboración y es contrario a los demás en un contexto autoritario.

El liberalismo parte del supuesto de que el comportamiento del otro favorable a nuestros intereses es la consecuencia de la persecución de sus propios intereses. Por eso no busca someterlo para obtener algo de él.

A veces esos intereses pueden ser definidos por convicciones religiosas y premios en el más allá, otras por deseos terrenales.

Los gobernados no se transforman en otra clase de seres humanos cuando por cualquier mecanismo se convierten en gobernantes. Si los individuos deben ser cuidados de sí mismos de acuerdo a una óptica autoritaria o paternalista ¿por qué habría de tranquilizarnos que los cuiden otros individuos?

Al contrario, para quienes conciben al Estado como un proveedor, como el depositario de los intereses permanentes, contrarios a los deseos egoístas de los individuos necesitan pensar que los gobernantes tienen que ser una elite distinta, más generosa y desprendida de hombres. Unos que puedan encajar en la ficción construida de héroes cuya exaltación es una forma de puritanismo político.

Instalado el puritanismo como criterio político, los que quieren ser puros buscarán impuros y si no los encuentran los inventarán.

Algunas formas particulares de control

El hombre no es social en detrimento de su individualidad como decía al principio, sino como consecuencia de esa individualidad.

En un abuso de las matemáticas de los conjuntos se supone que el hombre “es parte de una sociedad”. Sin embargo no hay una relación todo / parte entre la sociedad y los individuos que la componen. Al menos no en el sentido en el que esto se entiende tradicionalmente, es decir colocando al individuo como un ladrillo de la pared que es “la sociedad”…

La idea de separar a la política de la justicia se logra en la última etapa de evolución. Si bien para Aristóteles las funciones de gobierno se ya se dividían, en Montesquieu esa división adquiere la función de contrapesar un poder con otro y de esta manera limitarlos en beneficio de las libertades individuales. De ahí la necesidad de que los tribunales estén en manos de jueces separados, pares de los que sean sometidos a su juicio y que deban seguir un procedimiento bien determinado por la ley escrita. Esos poderes así divididos “se neutralizan produciendo la inacción. Pero impulsados por el movimiento necesario de las cosas, han de verse forzados a ir al concierto”

Igualdad de oportunidades

Lo dicho anteriormente contrasta con la idea de John Rawls, quién ofrece una visión alternativa de la igualdad. Reconoce la existencia de la escasez y la necesidad de que los méritos individuales actúen como motor de los premios y castigos.

Sin embargo postula, como forma de mantener la colaboración social, la idea de la "igualdad de oportunidades", unida al "principio de la diferencia" según el cual…

 

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